lunes, 28 de marzo de 2016

20 años de Pastila: el tiempo no pasa en vano

La carrera de Pastilla siempre ha sido una que tal vez no ha gozado del reconocimiento que merece. Y no es ninguna afirmación hecha al aire, sino sustentada en las consecuencias que sus veinte años de carrera han traído para el grupo. Voltear a ver sus recompensas en retrospectiva pudiera parecer la muestra clara de justicia en el mundo musical, sin embargo, el éxito y la gloria social alcanzada hace algunos años no parecen haber sido suficientes para un grupo que lleva dos décadas haciendo mucha de la mejor música latinoamericana de guitarras en la región en la que están establecidos. Son 20 años en donde cada parte de su crecimiento como personas y como grupo han sido palpables en cada uno de sus discos y canciones, dos décadas de ser los mexicanos conquistando Estados Unidos desde dentro y un montón de tiempo siendo un grupo dedicado a valorar la adolescencia como pocas.

Y es que Pastilla guarda un sentimiento eternamente adolescente en toda su carrera hasta Sentidos Saturados, un disco en donde los años se hacen sentir tanto en la musicalización como en las reflexiones de sus versos. El grupo siempre había tenido un especial cariño por esa época humana no por la incompetencia de sus actos o la inocencia de su razonamiento, sino más bien por lo visceral de sus emociones y las poderosas maneras de manifestarlas. Su nacimiento, a finales de la década de los noventas en 1996, fue preciso en una época en la que el rock en Latinoamerica y en México comenzaba a caer en una monotonía de la que pocos grupos podían presumir no pertenecer. Fue años antes del auge del emo como manifestación cultural adolescente y lejos de México que Pastilla se formó, sin embargo, su espíritu siempre evoca a eso que logró representar con el tiempo.

Su historia está llena de momentos para resaltar. Su primer disco, homónimo y aptamente mejor conocido por aquellos que pertenecen a su culto como el disco amarillo fue parte de una rebelión sonora en California que no solo traía consigo una nueva manera de descubrir música sino que también mostraba a mucho del talento hispano en aquella región. Mientras en México se escuchaban cosas como Molotov, Café Tacvba o La Maldita Vecindad, allá grupos como Pastilla aún creían fielmente que aquella música de guitarras viscerales era una perfecta vía para la expresión de los sentimientos reprimidos. Es un pensamiento meramente joven y de profundidad adolescente que, como lo eran ellos, logró decantar en discos memorables que hoy en día se siguen escuchando tan letales como entonces.

Su culto llegó cuando “Vox Electra” hizo su aparicón como una bocanada de aire fresco al rock de aquel entonces. Puede parecer una mentira, pero el sonido general que predomina en muchos de los grupos independientes de hoy en día comenzó como experimentos de corazón como fue el de Pastilla en aquellos tiempos. No sorprende que ese disco haya sido contado con la colaboración de integrantes de Caifanes porque, al igual que ellos, se comenzaba a gestar un sonido que después sería predominante en la música nacional. No solo eso, sino que la independencia en el rock para ellos llegó en “Hey!”, un disco de 2003 que presume de ser pionero del trabajo independiente sin importar nada más, empujado con el corazón y amor al oficio. Un sentimiento que prevalecería hasta “Telekinetik” de 2008 y que daría paso para que el grupo se escuchase como nunca antes después de ello.

Para cuando “A Marte” vio la luz el grupo llevaba una extensa carrera detrás sostenida en un puñado de canciones que serían descubiertas por aquellos nuevos adeptos cuando éste se convirtió en un éxito rotundo. No fue ninguna sorpresa, 2009 fue un año en el que las redes sociales comenzaban a convertirse en un espacio de identidad y putrefacción adolescente, una época en la vida en la que las emociones comenzaban a importar más que antes y en donde la generación de personas que hoy nos encontramos recordando con nostalgia esos tiempos empezaban a preocuparse más por la manufactura de la música que por su renombre a nivel global. Escuchar el disco ahora suena a mejores tiempos, a unos menos preocupados por la vida y más enfocados en tratar de descifrar los sentimientos del eterno adolescente que revive cada vez que se escucha. A partir de entonces Pastilla, como nosotros los fieles escuchas, comenzaron a crecer en conjunto para tener una consciencia mucho menos visceral pero igual de emocionante en su último disco.

“Sentidos Saturados”, a pesar de haber sido editado por Burger Records, una de las disqueras gringas con mejor ojo para las bandas dedicadas a las guitarras y a pasarla bien, es un disco que se escucha tremendamente adulto. Sus letras ya no son aquellas que hablaban sobre tatuajes radioactivos o viajes espaciales para encontrar al amor y salir de la depresión, son más bien reflexiones sobre la humanidad, sobre el estado en el que se encuentra y sobre el papel individual entre tanto caos. Un disco mucho más consciente, menos apegado al corazón y sin embargo igual de efectivo que sus antecesores. Él, al igual que los que crecimos con él, recuerda con nostalgia al adolescente que alguna vez fueron sus creadores y mira hacia el futuro con la misma incertidumbre que como lo hacemos.

 

Es, entonces, la carrera de Pastilla una prueba palpable de que el tiempo pasa y no lo hace en vano. Escucharlos desde aquellos momentos y crecer con una discografía como la suya solo es un ejemplo más de que la música no se trata de simple material de entretenimiento para los oídos, sino que es más bien parte fundamental de las experiencias y razonamientos de quien la escucha. Es un apéndice de la vida humana y un acompañante fiel de tiempos memorables. La vida de Pastilla llegó a su edad adulta y como cualquiera que haya pasado por ahí mira hacia atrás con una melancolía especial, se siente en cada parte de su ejecución y se siente en cada nota. Afortunadamente la música siempre quedará como el mejor recuerdo de todos y voltear atrás con Pastilla es una prueba fiel. Ha sido todo un placer pasar veinte años con ese medicamento una y otra vez en la cabeza.

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